Estamos asistiendo a númerosas caídas de arbolado por todo el país, son ya muchos días de temporal en los que la intensa lluvia y las rachas fuertes de viento han hecho mella en nuestro patrimonio arboreo.
¿En qué afecta al arbolado?
Las abundantes lluvias hacen que el suelo se sature, pierda cohesión y capacidad portante. A eso le sumamos los fuertes vientos que provocan un efecto palanca en la copa de los árboles. El sistema radicular debe contrarrestar esa fuerza. Si el anclaje es insuficiente o el suelo está reblandecido, aumenta el riesgo de vuelco o descalce.
Suelo saturado + viento intenso sostenido, la combinación perfecta para incrementar exponencialmente el riesgo de vuelco.
¿Qué significa anclaje insuficiente?
Hay muchos árboles que no pueden desarrollar bien sus raíces por diferentes motivos:
- Espacios radiculares limitados: alcorques pequeños, compactación de suelo, presencia de infraestructuras subterránea
- Plantaciones en pradera con riego por aspersión haciendo que el desarrollo de las raíces sea superficial y por lo tanto se reduzca la estabilidad mecánica.
- Ejemplares jóvenes o recientemente trasplantados que no han desarrollado su sistema radicular lo suficiente como para soportar estos fenómenos meteorológicos
¿Cómo podríamos evitar riesgos?
Dándole a los árboles el espacio que necesitan para enraizar y poder sostenerse; evitar riegos superficiales y realizar evaluaciones periódicas que nos permitan priorizar sobre ejemplares sensibles.
El cierre de parques y jardines durante episodios de borrasca es una medida preventiva adecuada y fundamental para proteger a la ciudadanía. No obstante, el arbolado viario —en calles y avenidas— también requiere control y, si la evaluación técnica lo determina, puede ser necesario restringir temporalmente el tránsito en determinadas zonas.
Por último, es imprescindible apelar al sentido común. Ante avisos por rachas intensas de viento o precipitaciones persistentes, conviene minimizar la exposición en áreas arboladas. No debemos olvidar que los árboles son organismos vivos, con respuestas biomecánicas complejas, y que en condiciones meteorológicas extremas pueden producirse fallos estructurales incluso en ejemplares aparentemente sanos.
Este tipo de situaciones nos recuerdan que convivimos con árboles, no con elementos estáticos. Forman parte de nuestras calles y plazas y nos aportan sombra, frescor, biodiversidad y bienestar. Pero para que sigan haciéndolo de forma segura necesitan planificación, espacio y cuidados adecuados.
Una ciudad que entiende cómo funcionan sus árboles es una ciudad más segura, más saludable y más preparada frente a episodios meteorológicos extremos que, previsiblemente, serán cada vez más frecuentes.




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